
Las golosinas son un conjunto de productos dulces, de formas y sabores diferentes, de escaso o nulo valor nutricional (calorías vacías), que tienden a preferir los niños en cualquier momento del día.
El abuso de estos productos puede tener consecuencias desfavorables como:
Caries: contienen en su mayoría azúcares refinados que favorecen el desarrollo de los microorganismos que atacan la placa dentaria.
Inapetencia: consumir golosinas a voluntad, sin control de un adulto, puede provocar falta de apetito cuando llega el momento real de la comida.
Alergia: contienen aditivos que dan color, sabor y aroma. Algunos pueden favorecer reacciones alérgicas y/o erupciones en la piel en niños pequeños o más susceptibles.
Sobrepeso: son en general productos hipercalóricos y además si se consumen sobre una cantidad de calorías diarias suficientes, pueden producir aumento excesivo de peso. El consumo de estos productos sumado a la falta de ejercicio físico, puede ser peor aún. Debe evitarse el hábito de ver la tele comiendo simultáneamente algún tipo de golosina o snack.
Atragantamientos: los caramelos duros y de superficie resbaladiza son riesgosos porque pueden alojarse en la garganta y producir un atragantamiento. La comida es un acto que requiere atención, evitando distracciones: se debe evitar que los niños corran, lloren o hablen con comida en la boca.
Se puede pactar un número de golosinas máximo a la semana y tratar de que el niño comprenda que son para momentos justificados (cumpleaños, fiestas, fines de semana, etc). Cuando los consuman, debemos evitar el "picoteo continuo", es mejor agruparlas y permitirlas como postre de una de las comidas principales. Y nunca olvidar un buen cepillado de dientes.
Recuerda que no es recomendable dar golosinas antes de los dos años, sobretodo si contienen chocolate.
Analía Martín
Nutricionista
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