
Enero es el mes que invoca a las dietas, al deseo o necesidad de adelgazar para que el cuerpo recupere el tono y la forma que ha perdido tras los días de desenfreno navideño. Hay quienes se sienten con suficiente fuerza de voluntad como para volver a los buenos hábitos alimentarios y de vida para perder los pocos kilos ganados. Pero también hay quienes comprenden que su adelgazamiento es más complejo y costoso en el tiempo y confían su salud a dietistas-nutricionistas, expertos que les apoyarán durante todo el periodo que dure el tratamiento, tanto el adelgazamiento como el mantenimiento.
El hecho de adelgazar conlleva no sólo cambiar unas costumbres alimentarias, sino también unos hábitos de vida fraguados durante años. La tarea de trabajar la voluntad puede llegar a ser la parte más difícil de un tratamiento de pérdida de peso corporal. Por ello, los conocimientos científicos y la motivación son algunas de las claves que aporta el dietista-nutricionista y que pueden ser la semilla del éxito del equipo formado por el cliente y el profesional.
En un estudio publicado recientemente en el "Journal of the American Medical Association" se demuestra cómo el apoyo profesional y un entorno favorable son dos factores que ayudan en gran medida a la pérdida de peso y a la difícil tarea de mantener los objetivos logrados.
La labor del especialista en nutrición se centra en la ayuda directa. Se podría decir que hace las funciones de un entrenador que enseña, orienta y motiva a su cliente. La búsqueda del camino más eficaz para alcanzar los objetivos fijados, usando los recursos propios y las habilidades de la persona interesada, puede ser un buen método para perder grasa y sobre todo para mantener el peso corporal durante mucho tiempo.
Juan Madrid Conesa, médico endocrinólogo, especialista en nutrición y autor de varios libros que tratan el tema del adelgazamiento, considera que para que una persona obesa pierda peso y no lo recupere se han de dar tres circunstancias: conocimientos, convencimiento y motivación. Los conocimientos sobre alimentación y nutrición que el especialista puede transmitir tienen que convertirse en una herramienta útil que sirva para mejorar la salud.
La persona tiene que aprender a comer para ser capaz de perder grasa corporal; confeccionar su propia dieta, conocer las calorías y los nutrientes de los alimentos que le gustan, comprar adecuadamente y saber elegir sus menús de cada día, tanto dentro como fuera de casa.
El convencimiento de que el tratamiento va a salir bien es fundamental y para que se dé el especialista ha de crear sólidos pilares en los que éste se sustente. La fijación de unos objetivos realistas y factibles, y el diseño de una estrategia personalizada para alcanzarlos son muy importantes. También es imprescindible contar con posibles desviaciones del camino prefijado; puede ser una buena previsión que evite vivencias de fracaso que induzcan al abandono.
Los estímulos que llevan a la persona a realizar un cambio de hábitos alimentarios y de estilo de vida, y persistir en el cambio hasta su culminación son las palancas que mueven la voluntad. La motivación para adelgazar puede ser estética, de salud o de otra índole. Las tendencias de la moda, el diagnóstico de una enfermedad cardiovascular o el deseo de sentirse mejor con uno mismo pueden ser la chispa que ponga en marcha la maquinaria de la voluntad.
Si el especialista que acompaña a la persona en este largo camino es capaz de encontrar y mesurar estos estímulos, se habrá iniciado la capacidad para llevar a cabo las acciones contrarias a las tendencias erróneas que se han practicado hasta el momento.
El motivo principal por el que se quiere adelgazar es una referencia a la que el profesional y su cliente podrán acudir en los momentos difíciles del tratamiento. Además, es labor de este entrenador el informar sobre los otros beneficios que reporta la pérdida de grasa y que se pueden convertir en más motivos estimulantes. La pérdida del 10% del peso corporal inicial reduce en gran medida las alteraciones metabólicas secundarias a la obesidad. Perder estos kilos normalmente se convierte en un estímulo más: mejora la movilidad, disminuye la talla de ropa y proporciona una vivencia de bienestar.
Los autores del estudio publicado, declaran que el entorno es fundamental para perder peso y mantenerlo. Además de un buen profesional que aconseje y acompañe, el apoyo de la familia, los amigos o compañeros de trabajo, entre otros, es trascendental para obtener el éxito deseado. Según declaraciones de Kelly Machesky, directora médica del Instituto de Adelgazamiento St. John de Michigan (EE.UU.), "el éxito en el tratamiento de la obesidad de las personas que mantienen un contacto personal tiene que ver con que alguien más se interese por su resultado". La experta hace hincapié en que el hallazgo de este estudio sugiere que rodearse de personas que ofrezcan apoyo puede ser muy útil.
Fuente: www.consumer.es
Por ELENA PIÑEIRO
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